En la Genética Celestial está la bendición.

No es nuestra disposición de alcanzar el éxito lo que lo produce, sino los obstáculos surgidos por nuestra disposición, al ser resueltos por aquella.

“27Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.28Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Gen 1:27-28).

En este verso bíblico tenemos todo el desarrollo del ser humano. Su procedencia, capacidad y propósito. Ninguno de nosotros podemos escapar de este plan. Dios nos creó, el es nuestro Padre, y nos ha dado capacidades innatas para desarrollar, pues tiene un propósito para nuestras vidas. Si todavía no lo notó, estoy hablando que hemos sido creados con un gen divino que va a funcionar mientras nos mantengamos fieles a él.

Nos dice también que podremos multiplicarnos, o sea dar vida de acuerdo a los que somos y ese potencial es hasta “llenar” la tierra. Lo que significa que es una medida abundante en extremo. Y lo más importante es que lo creado es para que nosotros lo podamos sojuzgar, gobernar. No, que lo logrado nos controle a nosotros, sino que seamos nosotros los que podamos gobernarlo.

Por lo que considero que el poder mantener la genética de Dios es la base de toda prosperidad; mental, física, emocional y material. Y ello solo se logra, siendo fiel a su Palabra. Pues sería muy triste, que siendo criaturas creadas por Dios y con todas las posibilidades dadas por Él, muchos de nosotros pusiéramos en riesgo esa genética espiritual.

No olvidemos que el camino, puede ser tan largo que nos produzca cansancio a veces, pero si lo andamos bien, le estaremos dando valor al mismo.

 

Tan largo es el camino para mal andarlo, que solo el que bien lo hace, sugiere el valor del cansancio que ha de provocar el caminarlo.

 

Dios le bendiga en este día especial en el que puede decidir hacer honor a lo recibido por su Creador,

Le amo entrañablemente en el amor incomparable de Nuestro Señor Jesucristo,

Profeta,

Graciela M.