Yo voy a Él

 Corazón rojoLa verdadera sabiduría es identificación con Cristo en obediencia.

“19Mas David, viendo a sus siervos hablar entre sí, entendió que el niño había muerto; por lo que dijo David a sus siervos: ¿Ha muerto el niño? Y ellos respondieron: Ha muerto. 20Entonces David se levantó de la tierra, y se lavó y se ungió, y cambió sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró. Después vino a su casa, y pidió, y le pusieron pan, y comió” (2 S 12:19-20).

Si algo nos dice la Escritura acerca de Jesús, es que fue obediente. Además, que esa clase de obediencia, Él la tuvo que aprender. Y que es la obediencia, sino el aceptar la voluntad de alguien más. El permitir que otro tenga el control, que nos guíe y conduzca por lo que cree que es el mejor camino de conducta.

David, tuvo que aceptar esta voluntad en un momento muy doloroso para él, cuando pierde a su hijo. Es que luego de hacer los sacrificios debidos, el orar y hasta ayunar por el lapso de tres días, aun así su pequeño hijo muere. Pero David, lejos de enojarse o rebelarse en contra de esa voluntad, se higieniza y pide de comer.

Cuando le preguntaron porque hacía esto, el contestó, que si bien el hijo no vendría a el, el siempre podría subir a donde estaba su hijo. ¡Qué nivel de fe! ¡Y vaya si Dios la premió! El próximo hijo de David sería Salomón, el amado de Jehová, el que construiría el Templo más hermoso y costoso de todas las épocas. El sabio y pacificador, que daría al pueblo cuarenta años de paz.

Es que a menudo creemos que si hacemos esto u lo otro, Dios está obligado a respondernos de la manera que nosotros pedimos. Pero a veces no es así. Y esto es así, solo porque Dios desea darnos nuestro Salomón.

“21Y le dijeron sus siervos: ¿Qué es esto que has hecho? Por el niño, viviendo aún, ayunabas y llorabas; y muerto él, te levantaste y comiste pan. 22Y él respondió: Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe si Dios tendrá compasión de mí, y vivirá el niño? 23Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí.24Y consoló David a Betsabé su mujer, y llegándose a ella durmió con ella; y ella le dio a luz un hijo, y llamó su nombre Salomón, al cual amó Jehová, 25y envió un mensaje por medio de Natán profeta; así llamó su nombre Jedidías, a causa de Jehová” (2 S 12:21-25).

Reflexionemos en este día acerca de este “voy a él”. En Dios nunca hay pérdida, aunque lo parezca. Quizás, solo debemos rendir nuestra voluntad al Señor y lograr ver lo hermoso que Él nos tiene preparado; “nuestro Salomón”.

Le amo en Cristo Jesús,

Profeta,

Graciela M.