El Pacto de Amistad con Dios 2

Arco iris El Pacto de Amistad con Dios 2.

Nunca deberíamos esperar que Dios apoye nuestras propias ideas de acerca de Su Obra.

“1Aconteció que cuando él hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo. 2 Y Saúl le tomó aquel día, y no le dejó volver a casa de su padre.3 E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba como a sí mismo.4 Y Jonatán se quitó el manto que llevaba, y se lo dio a David, y otras ropas suyas, hasta su espada, su arco y su talabarte” (1 S 18:1-4).

Cuando hablamos acerca del pacto de amistad, no podemos pasar por alto la relación entre Jonatán y David.

Jonatán toma responsabilidad con David. Frente a la clase de fortaleza y poder que se manifestaba en David Jonatán se dio cuenta que allí estaba Dios, es por esta razón que Jonatán le entrega su manto, aquello que lo identificaba, el era el hijo del Rey, por lo tanto su manto era el de un hijo de rey. El manto, era algo que le cubría que le mantenía a salvo, haciendo conocer quién era él, y quién era su padre. Pero también le entregó su espada que significa su status mental, el mensaje que tenía, siendo quien era, le entrega la fuerza que tenía en su palabra, asimismo le entregó su arco, aquello que lo podía defender, su propósito, ya no pretendiendo tener un propósito en sí mismo y poniéndose al servicio de David. Y por último su talabarte el cinto donde tenía sus armas, esto tiene que ver con lo que hay en nuestro corazón, la verdadera motivación para la realización del propósito.

Es por esta razón que debemos preguntarnos ¿Qué tan amigos somos de Dios? Al punto de haber depositado en Dios nuestro manto personal, aquello que nos identifica, nuestras costumbres, creencias, memorias, tradiciones. En fin, nuestro propio mensaje, aquello en lo que hemos estado establecidos; nuestros propios planes y proyectos. Rindiendo por completo nuestro propósito personal para estar solo en su propósito.

Es en el punto que hemos entregado todo a Dios que comenzamos a sentir verdadera confianza en Él, y por lo tanto también experimentamos la confianza de Dios hacia nosotros. Entendiendo que si somos amigos de Dios, ya no trabajamos para Él, sino con Él.

Llega el momento en que el Señor prueba nuestra confianza, por lo que oro que si está atravesando uno de esos momentos difíciles de donde somos expuestos en lo que creemos, Dios le fortalezca para ver la bendición que será de acuerdo a esa confianza en Él.

El Señor le bendiga,

Profeta

Graciela Meneguzzi