El Poder de la elección

Dios nos ha escogido para ser su pueblo. Pero esta elección, tan maravillosa y poderosa, costó la entrega de su Hijo, Jesús, el Salvador.

Por lo que, cuando nosotros no estamos aceptando su llamado a ser hijos suyos, estamos también menospreciando ese sacrificio.

Jesús tuvo que ser desechado para que nosotros podamos ser aceptados. Is 53:3

Él tomó nuestro lugar, sufrió nuestros dolores y pagó nuestra deuda. Nos perdonó los pecados a través de su sangre y hoy podemos disfrutar la herencia espiritual del Padre.

“67 Desechó la tienda de José, Y no escogió la tribu de Efraín,68 Sino que escogió la tribu de Judá, El monte de Sion, al cual amó. 69 Edificó su santuario a manera de eminencia, Como la tierra que cimentó para siempre. 70 Eligió a David su siervo, Y lo tomó de las majadas de las ovejas; 71 De tras las paridas lo trajo, Para que apacentase a Jacob su pueblo, Y a Israel su heredad. 72 Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón, Los pastoreó con la pericia de sus manos”.  Sal 78.67–72

1 S. 16.11–12; 2 S. 7-8; 1 Cr. 17:7

De la misma manera que Dios escogió a hombres y mujeres a través de toda la historia bíblica, nos ha escogido a nosotros para ser sus hijos. Hijos en el HIJO, Jn 1:12

Pero nunca olvidemos que para que nosotros pudiésemos ser escogidos, hubo quién tuvo que ser desechado primero. el precio de nuestra elección fue su rechazo.

Gracias amado Salvador, gracias Jesús.

Reina Valera Revisada (1960).